Agrologia

LA IMPORTANCIA DEL SUELO

Teoría de la enzima madre

“Nacemos con el derecho a la salud, estar sano es natural”

 

La Teoría de la enzima madre es un compendio de las conclusiones observadas por Hiromi Shinya* en su libro La enzima prodigiosa (2007). La principal conclusión es que todos los organismos vivos son capaces de todas las actividades que desarrollan gracias a las enzimas, y al ser éstas finitas hay que aprender a gestionarlas de manera adecuada para disponer de una buena salud. Aunque el enfoque es principalmente sobre el organismo humano, el razonamiento puede ser extrapolado a cualquier organismo vivo, puesto que todos los organismos vivos actúan del mismo modo, incluidos evidentemente las plantas y los cultivos, que a su vez juegan un rol importante en la capacidad enzimática de los animales.

*Hiromi Shinya es un hombre japonés que vive normalmente en Estados Unidos. Es doctor de cirugía colonoscópica y profesor de cirugía clínica. Hiromi ha analizado el colon de multitud de personas, de distintos orígenes y con distintas costumbres alimentarias, físicas y mentales; extrayendo sus propias conclusiones. La importancia del estudio del doctor Shinya radica en que las características del estómago y de los intestinos están directamente vinculadas a la salud del organismo.

 

Las enzimas

Las enzimas son moléculas de naturaleza proteica que catalizan reacciones químicas, y que se producen dentro de las células de un ser vivo, es decir, es un elemento necesario para la vida de cualquier ser vivo. Por ejemplo, un brote germina de una semilla porque las enzimas están operativas, al igual que sucede cuando crece una hoja de un brote.

Aunque la primera enzima fue descubierta en 1833 (y el término enzima, proveniente del griego, se acuñó en 1878), a día de hoy se desconocen la mayoría de reacciones enzimáticas que suceden diariamente en la vida natural. El estudio y conocimiento de las enzimas es un campo amplio y vasto del que todavía se conoce muy poco.

Las enzimas son responsables de todas las funciones corporales, cada acción del cuerpo humano está controlada por enzimas, como la respiración o el latido del corazón. Nuestro cuerpo dispone de más de 5.000 enzimas que desencadenan 25.000 reacciones diferentes. Esta cantidad de enzimas tienen dos orígenes: las que son producidas dentro del organismo, la mayor parte producidas por las bacterias intestinales, y las que provienen del exterior, en los alimentos por ejemplo. Estas enzimas externas pueden transformarse posteriormente en algunas de las 5.000 enzimas que el organismo necesita para su funcionamiento.

Tal diversidad de enzimas es debido a que cada enzima tiene una función concreta. Un ejemplo de esto es, que la enzima digestiva amilasa, presente en la saliva, reacciona a los almidones, mientras que la enzima pepsina, presente en los jugos gástricos, reacciona solamente a las proteínas.

 

Las enzimas madre

El término de enzimas madre hace referencia a estas enzimas de nuestro cuerpo que, según Shinya, inicialmente no están especializadas en una acción determinada, sino que estas enzimas madre no especializadas dan origen a enzimas especializadas que desempeñan distintas actividades que el cuerpo necesita en ese momento determinado. Es decir, que se especializan transformándose en una enzima concreta en el momento necesario para una función concreta.

Según Shinya, el organismo dispone de una capacidad limitada para crear enzimas madre, así que éstas son un recurso finito. Si las enzimas son imprescindibles para la vida, las debemos usar de una manera adecuada para no enfermar, y abastecer el organismo de enzimas externas a base de alimentos sanos, frescos y ricos en enzimas.

La enzima madre también actúa como un biocatalizador que repara las células del organismo que se encuentren dañadas. Pero cuando una parte del cuerpo o un órgano usa una excesiva cantidad de enzimas, el cuerpo tiene dificultades en mantener la homeostasis, es decir, reparar las células y apoyar los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico, ya que agota las enzimas madre y genera una deficiencia enzimática en otras partes del organismo.

Las enzimas son sensibles al calor, realizan su trabajo de forma idónea a una temperatura del cuerpo de entre 36 y 38ºC, y comienzan a descomponerse a partir de los 48ºC. Estas temperaturas son intrínsecas al medio en el que se encuentran las enzimas, teniendo mayor resistencia a las altas temperaturas en medio seco que en medio húmedo; un ejemplo sería la malta de cebada para elaborar cerveza, puesto que los granos de cebada se maltean para aumentar las enzimas que descomponen los almidones, y en el proceso de tostado se llega a temperaturas de 90ºC o más.

 

Las bacterias intestinales

En el intestino humano se calcula que residen unos 100 trillones de bacterias, de 300 variedades distintas.

Los productores principales de enzimas son los microorganismos. En un intestino humano existen unos 1.000 trillones de bacterias, divididas en  unas 300 clases distintas. La función más importante que desempeñan es la creación de enzimas madre, generando aproximadamente unas 3.000 clases de enzimas diferentes.

Los microorganismos son muy fácilmente afectados por el ambiente en que se encuentran. El equilibrio de las bacterias intestinales es muy delicado, si el ambiente es propicio crecerán y se propagarán, pero si el ambiente no es adecuado morirán rápidamente.

Si la cantidad de enzimas en el organismo esta predeterminada y es limitada, dependemos de las bacterias intestinales para que produzcan enzimas adicionales. Partiendo de esta base, debemos crear un ambiente intestinal adecuado para las bacterias para que estas a su vez aumenten nuestra capacidad enzimática. Para tal cometido, los alimentos ricos en enzimas permiten la propagación de las bacterias.

 

Las bacterias del “intestino” del suelo

Se dice que la mayoría de las bacterias que se encuentran en el intestino humano para digerir los alimentos son los mismos que se encuentran en el suelo.  Así pues, el suelo realiza la función de aparato digestivo para las plantas, la función de boca y dientes se encargan los seres troceadores y descomponedores en superficie, y las funciones de estómago e intestinos se encargan los microorganismos del suelo, por lo que no se recomienda enterrar materia orgánica o poco descompuesta, sino dejar que haga su proceso natural y que no se produzcan fermentaciones indeseables y gases tóxicos para la flora bacteriana en el interior del suelo. Tal y como dice Mariano Bueno, los agricultores no alimentan las plantas sino la tierra dónde estás crecen, y principalmente a los millones de  microorganismos que generan el humus para nutrir las plantas.

Así pues, el suelo se presenta como el intestino de los vegetales, un intestino externo que realiza la función de digerir los alimentos para que las plantas los puedan absorber. Se habla también, incluso, del parecido entre el coral, que son como ancestros intestinos de mar por las funciones que desempeñan, y el intestino humano, dónde se observa una gran semejanza entre la morfología de un coral y el interior de un intestino humano.

Algunos científicos aseguran incluso que el suelo presenta un metabolismo tan potente que no hay antibiótico que resista ese medio cargado de microorgansimos [os recomiendo echarle un vistazo a la entrevista a Isabel Espiño sobre este tema: Y la bacteria se comió el antibiótico].

Tal y como presentaron en 2008 un grupo de científicos (Dantas y su equipo de investigación) acerca de este tema, los antibióticos pueden ser un buen alimento para los microorganismos, ya que existen multitud de bacterias capaces de nutrirse de diferentes tipos de antibióticos. Así pues, el estudio plantea que “prácticamente todas las moléculas orgánicas de la naturaleza pueden ser consumidas por alguna bacteria, por ese motivo no se observan acumulaciones de ningún material orgánico, y demuestra que las bacterias que se alimentan de antibióticos están ampliamente esparcidas por el entorno y constituyen un reservorio de genes resistentes a los antibióticos que pueden haber contribuido a los crecientes niveles de bacterias patogénicas resistentes a múltiples fármacos”.

 

Los radicales libres

El consumo de verduras, frutas, carnes y pescados frescos son los que disponen de más enzimas, es decir, alimentos que han sido recientemente muertos o cosechados y que prácticamente no se han oxidado. Un ejemplo de oxidación de alimentos es el color marrón que aparece después de cortar en trozos una manzana o una patata.

Cuando un alimento oxidado se ingiere en el organismo, se forman radicales libres. Los radicales libres son sustancias químicas que introducen oxígeno en las células produciéndoles oxidación, destruyendo membranas celulares y las células de ADN, y provocando problemas de salud. Este es el motivo de que los nutricionistas aconsejen consumir  productos que contengan antioxidantes, puesto que nuestro organismo neutraliza los radicales libres mediante enzimas antioxidantes (sin embargo, los nutricionistas todavía cuentan solamente el contenido de vitaminas y minerales que contienen los alimentos y las calorías que aportan al organismo, omitiendo entre otras características el potencial enzimático). Los radicales libres pueden generarse también por otras vías como el consumo de alcohol o de tabaco, mediante la respiración, etc.

Aunque un aumento en el nivel de radicales libres  es perjudicial para el organismo, estos radicales también tienen una función esencial en el organismo que les permite matar virus, bacterias, hongos y eliminar infecciones.

Los radicales libres agotan las enzimas de nuestro organismo. Y la sociedad moderna presenta multitud de ámbitos con radicales libres: el estrés, la contaminación del aire, los rayos ultravioleta, las ondas electromagnéticas, las infecciones virales o bacterianas, la exposición a los rayos X u otros tipos de radiación son factores que pueden generar radicales libres. Por otro lado, factores intrínsecos a nosotros mismos también producen radicales libres dañinos en nuestro organismo: beber alcohol, fumar, el consumo de aditivos en la comida, los alimentos oxidados y los medicamentos.

 

Incrementar las enzimas madre en el organismo

Para incrementar las enzimas en el organismo es imprescindible llevar una alimentación sana y una actividad física regular, es decir, lo que cualquier nutricionista nos diría. Aun así, hay otros factores que también determinan el potencial enzimático de nuestro cuerpo. Por ejemplo, una fuente de energía emocional positiva, como el amor, la alegría, el bienestar, la risa, etc. pueden estimular el ADN para generar enzimas madre. Es bien conocido el uso del pensamiento positivo para superar cualquier obstáculo, sea físico, psíquico o emocional.

Hay una gran diversidad de factores en la sociedad actual que consumen las enzimas madre de nuestro organismo, y que conllevan a un uso inadecuado de las enzimas. En la siguiente tabla se resumen los principales factores que consumen más enzimas de nuestro organismo.

 

Tabla de factores que producen disminución de enzimas. En negrita se marca uno de los principales factores negativos para la capacidad enzimática del organismo que tiene relación directa con la agrología.

Tabla de factores que producen disminución de enzimas.
En negrita se marca uno de los principales factores negativos para la capacidad enzimática del organismo que tiene relación directa con la agrología.

 

Por lo tanto, resulta necesario que nuestras acciones y decisiones sean conscientes y sanas para nuestro organismo en todos los aspectos de nuestra vida. Pero sigamos con nuestro mayor interés: la calidad de la comida mediante una agricultura de calidad.

Los alimentos que aportan mayor salud y cantidad de enzimas al organismo son los que crecen en una tierra fértil, en un suelo con vida, rico en minerales, sin el uso de agroquímicos o fertilizantes químicos, y que se consumen inmediatamente después de ser cosechados, ya que cuanto más fresco es el alimento más enzimas posee, sin estar apenas oxidados.

Al consumir alimentos ricos en enzimas, estas enzimas madre se almacenan en nuestro organismo para ser utilizadas cuando sean requeridas. Un ejemplo muy habitual es el que sucede con los perros y sus amos, cuando éstos lamen la boca de sus dueños en busca de las enzimas.

Las semillas, como los granos, las judías o las patatas, contienen gran cantidad de enzimas para que la planta pueda germinar en el ambiente oportuno, pero también unas sustancias llamadas inhibidoras de la tripsina que evita que la semilla germine en cualquier momento. Entonces, se requiere de gran cantidad de enzimas digestivas para neutralizar y digerir los inhibidores de la tripsina, por lo que se aconseja descomponer el inhibidor mediante calor, es decir, cocinarlas antes de digerirlas.

Los granos sin refinar son más ricos en nutrientes (macronutrientes: proteínas, fibra, carbohidratos y grasas, y micronutrientes: vitaminas, minerales y aminoácidos) que son buenos para el organismo.

La única forma de no tener más ataques de hambre es ingiriendo buenos alimentos, sanos y con abundantes enzimas. El hecho de que haya personas que sientan hambre, aun cuando disponen de suficientes enzimas, es debido seguramente a una carencia de nutrientes residuales. Los nutrientes residuales son principalmente vitaminas y minerales, y resultan ser unas sustancias indispensables llamadas coenzimas que aseguran el trabajo de las enzimas en el organismo.

Recuerdo un comentario de Nacho Simón explicando que los conservantes (benzoato sódico, nitratos, etc.) son inhibidores de virus y bacterias, que al consumirse el producto que los lleva para su conservación, se ingieren estos conservantes. Nuestro organismo contiene multitud de bacterias en el tracto digestivo que se inhiben con la acción de estos conservantes.

Se recomienda cocinar los alimentos a una temperatura menor de 48ºC, puesto que las enzimas se descomponen; y se recomiendan ingerir los alimentos una vez estén bien masticados y ensalivados, haciendo de 30 a 50 masticadas, para que las enzimas de la saliva actúen de manera adecuada iniciando el digerido del producto.

Vale la pena destacar el ejemplo de George Ohsawa, padre y fundador de la alimentación macrobiótica. Fue un japonés pacifista que por sus acciones acabó en prisión, y así cuenta su historia Loli Curto en su libro Disfruta de la macrobiótica, la dieta equilibrada (2007):

“Durante el período de prisión, sus enemigos idearon una estrategia para que muriera de hambre sin tener que mancharse las manos para no convertirlo en un héroe, pues tenía muchos seguidores. De esta manera, fue condenado a comer exclusivamente patatas, con la intención de que muriera de desnutrición, ya que la patata es un alimento que sólo contiene fécula y carece de todo valor nutricional. Ohsawa, aplicando el principio macrobiótico, masticaba cuatrocientas veces cada bocado, hasta conseguir reproducir en la boca, junto con la saliva, toda la cadena de nutrientes necesarios para sobrevivir. Se alimentó de esta manera durante 6 meses, antes de ser liberado”

Los agroquímicos y el suelo

Los productos químicos usados en la agricultura eliminan los seres vivos del suelo, seres vivos que son la fuente de energía para las cosechas, y posteriormente, se aplican fertilizantes químicos porque las cosechas no crecen en tierra estéril sin energía viva. Finalmente las cosechas pueden crecer mediante los fertilizantes químicos, pero las características organolépticas del producto y su valor nutricional son deficientes. Esta es la razón por la que los nutrientes de los alimentos que consumimos disminuyen cada año.

Puesto que la energía que obtenemos proviene del alimento que consumimos, si la comida no contiene ninguna energía viviente, nunca estaremos sanos sin importar la cantidad consumida; la vida se sostiene únicamente al ingerir alimento vivo. Así pues, la comida que ingieres día a día mantiene tu organismo y el criterio para escoger el alimento determina tu estado de salud.

Si las bacterias del suelo están sanas, las verduras y las frutas también crecerán sanas. Y los alimentos cultivados de manera sana harán que las bacterias del intestino humano estén sanas.

 

 

Aunque en esta teoría del doctor Shinya no hay aportación científica alguna, comparto gran parte de los razonamientos que se desarrollan, y me parece una teoría a tener en cuenta. Aunque se debe tener claro que, hasta que no haya mayores avances  en el campo de las enzimas, no será más que una teoría.

One comment on “Teoría de la enzima madre

  1. Lina_52
    July 9, 2017

    Gracias, me a sido muy útil el artículo. Está muy nivelado, completo y bien expresado. Están tanto las cosas que dice Shinya, como explicaciones un poco más técnicas de química y algún que otro dato histórico. Gracias por tu excelente trabajo.

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