Agrologia

LA IMPORTANCIA DEL SUELO

Las funciones de los nutrientes

Artículo publicado el 15 de abril de 2020

“La nutrición es la base de la salud”

Elementos nutritivos planta

Representación gráfica de los elementos.Dibujo adaptado por CulturaEdafica

 

A continuación se detallan las funciones de los principales nutrientes fertilizantes en la planta, así como su capacidad de absorción, en el siguiente orden: silicio, nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre, molibdeno, hierro, zinc, boro, cloro, cobre, níquel, manganeso, cobalto, yodo, selenio, aluminio y elementos traza.

 

Silicio (Si): Este elemento, después del oxígeno, es el que más abunda en la corteza terrestre, donde aparece en forma de sílice (SiO2) y como silicatos diversos. Está presente en todas las plantas, y su contenido depende del estado de solubilidad del Si en el suelo, encontrándose en la solución del suelo como ácido silícico (SiO4H4), forma en que lo absorbe la planta. En la planta, el Si se acumula en las membranas celulares y a lo largo de los vasos, que son los lugares de menor actividad, lo que indica que el Si es un elemento inerte que la planta tiende a eliminar. Los órganos con Si son más rígidos y más frágiles.

El silicio del suelo es disuelto por la acción de los ácidos orgánicos producidos por los microorganismos. Ayuda también a disolverlo el ácido carbónico resultante de la respiración de los organismos del suelo.

 

Nitrógeno (N): Es el elemento que más abunda en la atmósfera, y es muy móvil en la planta, es decir que se puede mover libremente por dentro del vegetal. El nitrógeno está presente en proteínas simples y complejas de las plantas, así como en pequeñas cantidades en la lignina, clorofila, fosfolípidos, vitaminas, etc. Su función en las plantas es estimular el crecimiento y la formación de proteínas, jugando un rol imprescindible en la división celular, y es necesario para la fotosíntesis y la respiración (afecta al crecimiento). Produce el color verde característico de una planta saludable y promueve la suculencia de frutos y granos. La acción del potasio, fósforo y otros nutrientes es estimulada por el nitrógeno.

Su carencia produce palidez en las hojas, amarilleamiento de las hojas, sobre todo las viejas, y un crecimiento poco desarrollado.

Su exceso produce un vigor que puede producir una menor productividad de frutos, así como puede disminuir la calidad y reducir la resistencia a enfermedades.

Las formas fundamentales del nitrógeno son la atmosférica y en el suelo la orgánica, no siendo esta última asimilable directamente por las plantas. Esta forma orgánica, al mineralizarse se transforma en distintas formas, siendo la amoniacal (NH4+) y la nítrica (NO3) las formas solubles o cambiables utilizadas por las plantas y microorganismos. De todo el N existente en el suelo, la m.o. contiene un 95-98%, sin embargo antes de ser usado por las plantas las bacterias deben transformarlo y dejarlo disponible.

 

Fósforo (P): El fósforo es un macronutriente por sus características cualitativas, puesto que juega un papel muy variado en la planta (tan importante como el nitrógeno), aunque cuantitativamente es el menor de los macroelementos. Es muy móvil dentro de la planta. Participa en la fotosíntesis y formación de compuestos orgánicos, interviene en la respiración, es elemento estructural de ácidos nucleicos y fosfolípidos, e interviene en el transporte, almacenaje y transferencia de energía (ATP) necesaria para reacciones enzimáticas. Estimula el crecimiento de las células de las plantas, promueve el desarrollo de las raíces y apresura la madurez de la planta.

Su carencia  afecta a la floración, la formación de frutos, a la síntesis de proteínas, etc. Los síntomas pueden aparecer como una coloración purpura oscuro.

Su exceso es raro en plantas, pero en el suelo puede favorecer inmovilizaciones de nutrientes como el calcio o el zinc.

En el suelo no existe fósforo libre, sino como fosfatos de distinta naturaleza, orgánicos o minerales (formas iónicas PO4H2, PO4H2- y PO43-), aunque su contenido suele expresarse como P2O5. La movilidad del fósforo en el suelo es muy limitada, por lo que las raíces lo absorben de su entorno inmediato. Las bacterias benéficas en el suelo son estimuladas por la abundancia de fósforo y lo vuelven fácilmente asimilable.

 

Potasio (K): Es muy móvil en la planta, y promueve el desarrollo del sistema radicular, es esencial para la formación de almidón y de la clorofila necesaria en el proceso de la fotosíntesis, estimula la proteosíntesis, reduce la velocidad de transpiración de la planta (proporciona mayor resistencia a la sequía) e interviene en la activación enzimática y la translocación de asimilados. El potasio, al igual que el sodio, estimula el contenido de agua en las células. También permite mantener la permeabilidad de las membranas celulares, aumenta la concentración salina de los jugos celulares (la célula obtiene cierta resistencia al frío), e incrementa la presión osmótica de los jugos celulares (regulador osmótico).

Su carencia puede producir reducción del crecimiento y del rendimiento, menor acumulación de almidón y de proteínas. Los síntomas son un amarilleamiento de las hojas viejas.

Su exceso produce problemas celulares en frutos, y anticipa la senescencia. El exceso en el suelo afecta negativamente la absorción de calcio y magnesio.

El potasio suele encontrarse en el suelo en forma iónica (K+), aunque se expresa habitualmente como óxido de potasio K2O, o combinado en compuestos minerales y orgánicos. Los suelos suelen contener grandes cantidades de este elemento en forma insoluble o poco disponible para la planta, es necesaria la actividad microbiana para su solubilidad.

 

Calcio (Ca): este elemento estructura las paredes celulares de la planta, interviene en la formación de enzimas, regula el equilibrio ácido-base, plasmoliza la célula vegetal (activa la eliminación de agua por aumento de transpiración), da rigidez a las membranas y reduce su permeabilidad, da firmeza a los frutos, y genera resistencia a los cambios climáticos. Es un elemento inmóvil dentro de la planta.

Su carencia produce la desintegración de la pared celular, produciéndose desordenes en órganos y tejidos, falta de actividad en raíces y tallos.

En exceso, provoca problemas fisiológicos en la planta al interactuar con otros elementos. Pueden producirse carencias de K debido a su antagonismo.

El calcio en el suelo se encuentra libre (Ca2+) o combinado en compuestos orgánicos y minerales. El calcio actúa a nivel físico en el suelo como floculador de coloides electronegativos, favorece la estabilidad estructural del suelo y los mecanismos de difusión gaseosa entre atmósfera del suelo y la exterior. A nivel químico, neutraliza acidez del suelo, contribuye al aumento del porcentaje de saturación de bases e interviene en la CIC aumentando la fertilidad del suelo, eleva el potencial redox del suelo. Cabe destacar que es antagonista de K, Fe, Mn, B y Zn, dificultando su asimilación, e incluso reduciendo su toxicidad en el caso de Mn, B y Zn. A nivel biológico, favorece la respiración radicular, favorece la evolución de la materia orgánica, y estimula la acción de algunos microorganismos (nitrificadores, fijadores de nitrógeno atmosférico).

 

Magnesio (Mg): es un elemento con buena movilidad en la planta, constituyente de la molécula de clorofila, indispensable en la formación de algunos pigmentos (carotenos, xantofilas), activador de sistemas enzimáticos, regula el equilibrio ácido-base, interviene en la movilización de los fosfatos, favorece la formación de ATP, y es necesario en los procesos de fotosíntesis y respiración. Además, el magnesio estimula la acción del fósforo.

Una deficiencia en magnesio produce clorosis, palidez de las hojas viejas, coloración amarilla entre los nervios en las hojas jóvenes, los nervios continúan verdes. Se pueden producir carencias de este elemento, al ser antagonista con K y Ca, después de encalar o abonar.

El magnesio se encuentra en el suelo combinado en formas orgánicas y minerales, se suele expresar como magnesia (MgO). La materia orgánica contiene algo de Mg, pero su importancia se encuentra en la forma mineral. La planta absorbe el Mg2+ del suelo por vía radicular, o los fertilizantes por vía foliar a través de los estomas.

 

Azufre (S): es constitutivo de la vida y medianamente móvil dentro de la planta, coadyuva la formación de tejidos de los vegetales, resulta muy importante para los procesos metabólicos, participa en la formación de algunos  aminoácidos y vitaminas, y es necesario para formar proteínas. El azufre es un elemento esencial en la formación de la coenzima A, básica para la formación de los triterpenos, ergosterol, lanosterol, cimosterol, etc., por esta razón las plantas oleaginosas, medicinales, aromáticas, resinosas, o laticíferas entre otras, responden particularmente bien a la presencia de azufre asimilable en el suelo.

Su carencia produce clorosis en hojas, iniciándose por las jóvenes y abarcando toda la planta.

El azufre en el suelo proviene de la atmósfera o de la descomposición de la roca madre, siendo esta última la fuente primaria, pudiendo encontrarse en forma mineral u orgánica. Las cantidades más importantes son absorbidas por la planta en forma aniónica (SO42-) por vía radicular, aunque también absorbe por vía foliar.

 

Molibdeno (Mo): en las plantas es un elemento medianemante móvil, se acumula en los tejidos nuevos en crecimiento, y se acumula más en las hojas que en tallos y raíces. Es un componente indispensable del metabolismo del nitrógeno en la planta, forma parte de dos sistemas enzimáticos fundamentales: nitrato-reductasa y nitrogenasa (ésta última, enzima para la fijación biológica del N atmosférico). Así pues, su presencia es indispensable para la fijación de nitrógeno atmosférico, repercutiendo en el rendimiento y la velocidad de fijación. También participa en la reducción de nitratos a nitritos, en cuya carencia se acumulan nitratos en los tejidos. Participa en ciertos procesos fisiológicos como la fotosíntesis, en la transferencia de electrones, o la biosíntesis de ácidos nucleicos. A su vez, este elemento junto al nitrógeno y el hierro promueve la formación y síntesis de las proteínas.

Parece que el Mo favorece el metabolismo del hierro, y reduce los daños provocados por posibles excesos de cobre, boro, níquel, cobalto, manganeso y zinc. Además, eleva la eficacia del aprovechamiento de los abonos a base de fósforo y potasio, y la asimilación de nitrógeno de abonos orgánicos y de la tierra.

Su carencia produce falta de vigor, puesto que disminuye el contenido de clorofila y aumenta la actividad respiratoria. Las hojas son mas pequeñas de lo normal y presentan clorosis y moteados de color marrón. Las carencias suelen presentarse en suelos ácidos. En las leguminosas, se paraliza el crecimiento de la planta y no se desarrollan las nodulaciones en las raíces.

En el suelo, el Mo procede de la meteorización de minerales como olivino, molibdenita, molibdato cálcico, etc. La alteración de estos minerales libera diferentes óxidos de molibdeno. Los óxidos más reducidos son más insolubles, mientras que el MoO3 se combina con agua y minerales del suelo, dando molibdatos solubles. La existencia de unos u otros está ligada al pH, en suelos ácidos predominan las formas reducidas, por lo que la absorción de Mo por la planta puede resultar difícil, y por el contrario, la cantidad de las formas hidrosolubles de Mo aumenta en la medida que aumenta el pH del suelo, pero a partir de pH 7,5-8 se comienza a reducir debido al aumento de carbonato de calcio.

Las cantidades de Mo en el suelo son extremadamente pequeñas, y las plantas absorben la forma de ion molibdato MoO42-.

 

Hierro (Fe): es un elemento inmóvil dentro de la planta. Elemento básico en la fotosíntesis, respiración y fijación de N, promueve la formación de proteínas y forma parte de la clorofila. Es también un activador enzimático, e interviene en reacciones fundamentales de óxido-reducción: la hemoglobina, los citocromos, el fermento de la respiración, las catalasas, las peroxidasas, también cataliza la biosíntesis de la clorofila, e interviene en la formación de la ferredoxina (transportador de electrones que actúa en la fotosíntesis y en la reducción de los nitratos). Además, forma sideróforos que los microorganismos utilizan para proteger a las raíces de ataques parasitos.

Una carencia de hierro inhibe la formación de este pigmento (clorofila), por lo que una deficiencia produce clorosis, amarilleo de hojas, sobre todo las jóvenes. Podría confundirse con la carencia de Mg, pero tener en cuenta que la clorosis férrica empieza por las hojas jóvenes, mientras la magnésica se inicia en las hojas basales.

El hierro es un elemento muy abundante en el suelo, donde puede formar compuestos orgánicos o minerales, siendo de mayor importancia el segundo, como iones libres o en el complejo adsorbente, Fe2+, Fe3+, o como hidróxidos Fe(OH)+ y Fe(OH)2+. Cuando el hierro esta oxidado, proporciona al suelo coloraciones rojizas, mientras que cuando está reducido se vuelve verde grisáceo.

La planta absorbe la forma reducida del hierro, Fe2+, por cuya razón las condicionas reductoras de los suelos favorecen la absorción de este elemento.

Algunas plantas que presentan clorosis férrica en tierras calcáreas, se podría explicar por el hecho que el carbonato de calcio vuelve el hierro insoluble y las plantas no lo pueden absorber. Sin embargo, se han encontrado casos en que plantas con clorosis férrica contenían el doble de hierro que plantas sin síntomas, lo que indica que no es quizás la cantidad de hierro sino que una parte de éste pueda estar inactivado, precipitado o confinado donde no puede cumplir sus funciones.

 

Zinc (Zn): es un elemento medianamente móvil en la planta, muy importante en la formación y activación de complejos enzimáticos. Activador de enzimas anhidrasa carbónica (cataliza la descomposición del CO2), trifosfato-deshidrogenasa (fundamental para la glicolisis, respiración y fermentación), nitratoreductasa (para la reducción del nitrato), aldolasas (desdobla un éster de la fructosa), enolasa (conversión de ácidos), y también actúa en el metabolismo de los carbohidratos, necesario en la polimerasa del ADN, y en la síntesis de las auxinas y de ácidos nucleicos.

El Zn es importante para la biosíntesis de los precursores de la clorofila y la fotosíntesis,  y aumenta la resistencia de la planta al frío y al calor. También tiene influencia sobre la utilización del fósforo por las plantas, en carencia de zinc pueden manifestarse altas concentraciones de fósforo inorgánico provocando desequilibrios.

Con una carencia de Zn, los vegetales acumulan azucares reducidos y disminuyen contenidos de sacarosa y de almidón, aumenta la acumulación de ácidos orgánicos y se reduce el contenido de auxinas, se altera la síntesis proteica, y se acumulan compuestos solubles como aminoácidos y amidas. Se inhibe la división celular y se altera la diferenciación de los tejidos. Su carencia se obsreva en una  inhibición de crecimiento, producción de entrenudos cortos, las hojas presentan zonas cloróticas que acaban necrosándose. También produce un retraso en la transformación de los fosfatos inorgánicos en orgánicos.

En el suelo aparece combinado con minerales, como la blenda, la esmitsonita, la hemimorfita, etc. La meteorización de estos minerales dejará libre el ion Zn2+, formándose otras combinaciones minerales u orgánicas, fijarse en el complejo adsorbente o quedar en la solución del suelo. Reacciona con CO32- formando carbonatos, con PO43- formando fosfatos, y con OH formando hidróxidos, todos ellos insolubles, así que la aplicación de fertilizantes fosfatados o enmiendas calizas disminuyen la disponibilidad de Zn para las plantas.

Las plantas absorben principalmente la forma iónica Zn2+. La asimilabilidad del zinc disminuye al aumentar el pH, mayoría de carencias a pH≥6, donde su movilidad se reduce.

 

Boro (B): en la planta el boro es muy móvil, hasta llegar a las hojas donde se inmoviliza, sobre todo en las hojas viejas, así pues queda inmovilizado en la planta. Forma complejos con otros compuestos, especialmente para el transporte y utilización de azucares en la planta (interviene en el transporte de azúcares por el floema y en el metabolismo de los carbohidratos), influye en la absorción del P, en la formación de ácidos nucleicos y síntesis de proteínas, participa en el metabolismo de auxinas y compuestos fenólicos, responsable de parte de la estructura de la pared celular y de la integridad de la membrana, interviene en la división celular y en la actividad de los tejidos meristemáticos, interviene en la biosíntesis de la lignina y de sustancias pécticas, favorece a los nódulos de las leguminosas, y de forma indirecta interviene en la absorción de agua por la planta.

La mayor concentración de boro en la planta se encuentra en las flores, sobretodo en el estigma y el estilo. Es responsable de intensificar el crecimiento de los tubos polínicos, la germinación del polen, y la cantidad de flores en las plantas. El boro mejora el metabolismo de los carbohidratos en las plantas, e influye sobre el metabolismo proteico y nucleico. Es pues, un elemento fundamental en la formación de los frutos.

Su carencia dificulta la síntesis, la transformación y el transporte de carbohidratos, que afecta a la formación de los órganos reproductivos, la fecundación y la fructificación. Con deficiencias de este elemento se producen frutos con manchas y textura de corcho, afecta a la floración y a la polinización, afecta al crecimiento de los brotes, yemas terminales y hojas jóvenes, produciéndose entrenudos cortos, maduración fisiológica deficiente de las semillas, limita los rendimientos y calidad de las cosechas, con caídas prematuras de flores, fallos de polinización y aborto de óvulos y deformación de los frutos (acorchado, agrietamiento). Sus síntomas son hojas cloróticas.

Su exceso produce quemaduras en las hojas, de sintomatología similar a la salinidad o toxicidad por sodio, también puede producir pulpa de corcho en la fruta. Las concentraciones límite entre carencia y toxicidad son muy reducidas.

En el suelo, este elemento se presenta combinado de boratos minerales (el mineral más abundante es la turmalina, de gran dureza, y en menor abundancia el bórax), adsorbido sobre arcillas y materia orgánica y en la solución del suelo. También se encuentra boro en sedimentos de origen marino, poseyendo el agua de mar sobre los 5 mg de boratos solubles/L.

Las formas libres del boro son los iones B4O72-, BO3H2, BO3H2- y BO33-, que pasan a las soluciones del suelo y son arrastrados en profundidad por las lluvias o el agua de riego. La solubilidad de los boratos aumenta con la acidez, así en los suelos ácidos es donde se encuentra mayor cantidad de B asimilable por las plantas. Basificar tierras ácidas fija el boro y reduce su acceso a las plantas. En tierras calcáreas (pH≥8), su aplicación puede ser foliar, destacando pero que el boro se inmoviliza en las hojas.

Las carencias en boro se presentan en suelos con régimen de humedad percolante, de pH ácidos, mientras que las toxicidades van asociadas a suelos de climas semiáridos y áridos.

 

Cloro (Cl): este elemento mantiene turgentes las células de la planta y contribuye a la regulación estomática, proporcionando resistencia a la sequía economizando el agua.

Su carencia afecta al margen de las hojas, volviéndose mustias.

Su exceso es tóxico, produce quemaduras en las hojas. Puede reducir las cosechas.

La planta absorbe muy poca cantidad de este elemento (generalmente menos de 100 ppm/materia seca), y se encuentra en abundancia en el suelo y el agua. Una presencia elevada de cloruros en el suelo, muy solubles, puede incrementar el efecto salino de las soluciones del suelo, elevando el potencial osmótico, un inconveniente para los cultivos.

 

Cobre (Cu): el cobre es medianamente móvil en la planta, participa en la composición de proteínas y enzimas, interviene en la síntesis de la lignina, y contribuye en la biosíntesis de la clorofila. También se combina con otras enzimas interviniendo en importantes procesos de óxido-reducción (respiración, oxidación de la materia orgánica, etc.). Es necesario en la reducción de nitratos, participa en el metabolismo del N y favorece el proceso de fijación del nitrógeno atmosférico por los microorganismos del suelo, así como la asimilación del N de la tierra y de los abonos. También se dice que aumenta la resistencia de las plantas a la sequía, las heladas y el calor.

En las células vegetales, cerca de 2/3 partes de este elemento se halla en estado no soluble. Las semillas y meristemas son estructuras ricas en este elemento. En los jugos celulares el cobre puede oxidar al hierro y precipitarlo, la acumulación de Fe y la inducción de carencias por Cu explicarían su antagonismo.

La carencia de cobre produce clorosis, crecimiento raquítico y brotes secos en las puntas, disminución del crecimiento, perdida de agua, deshidratación de las plantas, retención de la floración y pérdida de la cosecha.

Su exceso puede ser fitotóxico, manifestándose como quemaduras en hojas y en la epidermis de los frutos.

En el suelo, aparece combinado con minerales, como la calcopirita, calcosita, malaquita, azurita, cuprita, etc. La meteorización de estos minerales libera Cu2+, que se fijará a otras partículas (complejo arcillo-húmico, arcillas y materia orgánica) o quedará libre en la solución del suelo. En suelos ricos en materia orgánica y humus, hay una fuerte inmovilización de cobre en forma de quelatos. Aunque en la solución del suelo hay poco cobre (menos del 1% del total), éste presenta poca movilidad, por lo que no hay prácticamente pérdidas por lavado o lluvias.

La corrección de tierras ácidas con aplicaciones calcáreas reduce la penetración del cobre en las plantas, debido a su fijación en la tierra donde el calcáreo actúa como absorbente del cobre. La planta absorbe el cobre en forma iónica Cu2+, por vía radicular i foliar.

Vigilar con los microorganismos del suelo, como hongos, bacterias, algas, etc. puesto que son muy sensibles al cobre, por esta razón este elemento se usa como anticriptogámico y para eliminar las algas en estanques.

 

Níquel (Ni): forma parte de componentes de la ureasa, la enzima que descompone la urea conviertiéndola en amonio.

 

Manganeso (Mn): la mayor cantidad de este nutriente se concentra en las hojas y en los cloroplastos de las plantas, es inmóvil dentro de la planta. Participa en sistemas enzimáticos de óxido-reducción, activando carboxilasas y deshidrogenasas (respiración), interviene en la síntesis de proteínas, catalizando la reducción de nitratos a nitritos. También aumenta el contenido de azúcar, el contenido de clorofila (coopera con el hierro en la síntesis de la clorofila) y la solidez del enlace de la proteína, mejora el reflujo de azúcar y refuerza la intensidad de la respiración en los vegetales. Así pues, es esencial en el proceso de fotosíntesis y de respiración.

Su carencia produce clorosis entre los nervios y amarillea las hojas jóvenes.

Su exceso puede ser fitotóxico, produciendo quemaduras en las hojas.

El manganeso en el suelo proviene de los minerales magmáticos. Su proporción entre la forma iónica (Mn2+) y los distintos grados oxidativos (MnO2 y Mn2O3) depende del potencial redox, el pH y la actividad microbiana. Para pH≤5,5 hay dominio de formas libres, y para pH≥8 son los óxidos de manganeso, insolubles.

Las plantas absorben principalmente Mn2+, aunque también pueden absorber alguna forma oxidada de Mn3O4 y quelatos.

 

Cobalto (Co): elemento esencial para la nitrogenasa (complejo enzimático para fijar nitrógeno atmosférico).  El Co se encuentra también en los órganos reproductivos, se acumula en el polen y acelera su germinación, las enzimas cobalamídicas participan en la síntesis del ADN y la división celular, participa en la reacción de metilización, importante en muchos procesos, y particularmente en aquellos que aumentan la resistencia de las plantas contra ciertas enfermedades.

Aun así, no es un elemento esencial para los vegetales, aunque si es necesario para los animales, para sintetizar la vitamina B12 (esta vitamina es sintetizada por los microorganismos del suelo y es absorbido por las plantas, o se forma en las nodulaciones de las plantas fijadoras de N).

El pH influye en la solubilidad del Co y su absorción por las plantas, a mayor pH del suelo menor cobalto soluble.

 

Yodo (I): todas las plantas contiene trazas de yodo, aunque no se sabe con certeza cuál es su función fisiológica. En los animales sí que resulta necesario el yodo.

 

Selenio (Se): no es un elemento esencial para los vegetales, aunque debido a su abundancia las plantas lo absorben. El problema radica en que puede ser tóxico para los animales y el hombre. Especies de plantas indicadoras de suelos seleníferos son Astragalus sp. o Onopsis sp. Son plantas exigentes en Se y pueden almacenar varios cientos de ppm en su materia seca.

 

Aluminio (Al): al ser uno de los principales constituyentes del suelo es absorbido prácticamente por todos los vegetales. Aun así, no se conoce su función fisiológica y no se considera esencial. Parece que bajas concentraciones de Al estimulan el crecimiento de algunas plantas.

En la planta, el Al absorbido tiende a acumularse en las raíces, sin translocarse a la parte aérea. Tras una absorción significativa los síntomas son acortamiento y engrosamiento de las raíces y reducción de su ramificación, y se vuelven más sensibles a enfermedades. En exceso, es fitotóxico.

Los suelos muy ácidos, contienen ácido alumínico libre, muy tóxico para las plantas. A partir de un pH > 5,5 el aluminio se va haciendo insoluble, en forma de gibbsita por ejemplo.

 

Lantano, europio, germanio, samario y otros: intervienen en varios procesos metabólicos, enzimáticos y de producción de fitoanticipinas, elicitores y fitoalexinas. Su acción está vinculado al sistema de defensa de las plantas.

 

Arsénico, cadmio, titanio, vanadio, etc.: son elementos trazas presentes en las plantas, y que no son esenciales. La absorción de estos elementos por las plantas se debe a su presencia en el suelo, en los fertilizantes minerales, en los productos orgánicos como abonos o en las aguas de riego.

 

 

 

 

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